Una vez estuve en América.

Pechos 22. M.L.R.
Supe que los golpes
no nacían en una calle sin nombre
y que los árboles no soñaban.
Como en una falda
bajo la que penetra el aire hasta el sexo,
supe que eras mentira,
que el sueño era pesadilla,
que las mujeres volvían zurdos a los payasos.
En tu casa
vestías albornoz blanco,
zapatillas de terciopelo rojo,
y un bolso de mano azul.
Supe que no eras una víctima
y que tus uñas esmaltadas
enmascaraban el horror de tus ojos.
Una mañana de julio
no té llamé.
Las canciones vomitaban banderas,
y la mierda salpicaba las gradas del circo,
fue cuando tu decidiste vestir de largo
y desayunar en cueros.
